lunes, 18 de agosto de 2008

Ya no regreso contigo

No volver con él. Eso decidí, por todos los malos ratos, por lo mal que funcionábamos como pareja, por todo el estrés y el malestar que me ocasionaba. Él tampoco quería seguir conmigo, no era la persona que buscaba. Pero nos atraíamos e intentábamos en vano terminar, ser razonables y decir hasta aquí, no nos hagamos más daño, sigamos como amigos.

Era tan fácil todo cuando lo pensaba a solas, cuando tomaba la decisión. Era lo mejor y así sería. Pero una vez frente a él, me olvidaba de mis resoluciones. De solo verlo caminar en dirección hacia mi, esbozar una sonrisa, pestañear y mirarme a los ojos diciendo sereno "hola", solo con eso me desarmaba la estrategia que había preparado para vengarme y terminarlo, reprochándole cuánto me había hecho sufrir y haciendo hincapié en lo positivo que resultaría separarnos.

Seguramente le pasaba igual que a mi. Esa vez recuerdo que nos propusimos encontrarnos junto al kiosko del parque que está por su casa y hablar. Yo comía unas mentitas, él llegó. Pensé que intentaría terminarme. Yo ya no tenía voluntad para hacerlo. Una vez en su casa, sentados en su cama conversamos y me dijo lo que pensaba sobre cómo era cada uno y su opinión sobre la relación que llevábamos. Yo también dije lo que pensaba...
Pero debíamos llegar a una determinación juntos y yo no quería terminar, ya no. Ambos estábamos algo serios, yo enojada. Pero de pronto apareció su perrita, yo la adoraba. Vino como siempre a que le hiciéramos cariños y me sacó una sonrisa. Se me fue el enojo y al poco tiempo nos miramos... y él me estaba haciendo cariños otra vez.

Sentía miedo, en ese momento no quería alejarme de él. Y nos abrazamos, nos besamos mucho y todo lo demás. Probablemente él estaba tan o más inseguro que yo, no sabría qué hacer. Así que ese día no terminamos.

Cuando por fin decidimos separarnos fue muy complicado. Recuerdo que dijo sentirse débil. Yo también me sentía así. Muy vulnerable. Me dejó en mi casa, como siempre y le pedí que no me acompañara a la puerta (como hacía usualmente), rechazando su ofrecimiento. Sabía que una despedida en la entrada de mi casa hubiera sido aún más dramática, ya me costaba contener las lágrimas. Estaba triste y frustrada. Sabía que era lo mejor, aunque se experimentara muy doloroso en ese momento.

El tiempo pasó, ambos hemos vivido nuevas historias y hemos pretendido dejar lo nuestro en el pasado, pero a veces aún siento esa atracción de antes. Esas ganas de abrazarlo, de recostarme en su hombro, de jugar con su cabello, de poner mi mano sobre su pierna, de besar sorpresivamente su mejilla, de darle un beso largo en los labios. Aún lo quiero, aunque recordar lo mal que nos iba me espanta casi lo suficiente como para enojarme.

Pero no ha perdido todas esas buenas cosas que me hicieron quererle mucho y sentirme atraída. Presiento que él también se pone algo nervioso conmigo. Ojalá no sea mi imaginación, pues a veces me provoca un remember. Ojalá no pase, aunque en este instante desee que sí.
A

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