
"Es que ya no siento lo mismo por ti". ¿Cómo tienes valor para decirle eso al pata que ha compartido contigo más de un año, la mejor relación de tu vida? Pues se lo dices y punto. Se lo dije, y punto.
Me costó sangre, sudor y lágrimas terminar contigo. Semanas (meses?) de darle vueltas al asunto. Y ya no era, pues. Igual, lloré como Magdalena al dejarte y correr a tomar mi taxi en plena avenida Javier Prado. "Tengo que ir a trabajar", y me fui, sin dejar de sentir mi paladar amargo y salado a la vez, después de abrazarte. Querías besarme, pero yo ya no podía. Como tampoco podía evitar ponerme triste. Sabía que me iba a ser muy dificil encontrar a alguien que me tratase como tú. Con la delicadeza de quien descubre un tesoro cada vez que me acariciabas el rostro, que jugabas con mi cabello, que me abrazabas explorando mi cuerpo, y sobre todo con la desesperación con la que me besabas cuando me decías "no quiero perderte". Si pues, todas las terminadas tienen indefectiblemente un tufo espantoso a novela mexicana.
De lejos eres el mejor chico con el que he estado. ¿Cómo puedes dejar a una persona tan buena? Cuando juntos no avanzan para ninguna parte, no hay vuelta que darle. Pero aun te quiero, y mucho. Claro, el cariño no es el mismo, ahora eres mi amigo, uno de los mejores. O eras.
Te di un espacio y un tiempo, tú me volviste a buscar meses después. "Amigos". Sinceramente, no te creía que sólo éramos amigos. Me seguías mirando con ojos de carnerito degollado, y me seguías abrazando como si fuera la última vez que lo hicieras en tu vida. Por eso, no me sorprendió que hace poco me digas que querías alejarte, que querías olvidarme, que te estaba haciendo daño.
Y lo entendí, y una vez más, te dejé ir mientras se me corría el rimel que nunca me pongo. Mientras me abrazaste por última vez e hiciste una escenita digna de novela mexicana en medio de la calle, mientras me cagaba de frío parada en la esquina, mientras me decías que extrañabas besarme como antes. Quien sabe que yo también extrañe esos besos. Pero no porque sean nuestros besos, sino que extraño la sensación de poder besar a alguien que no sólo se apasione con ellos para (pretender) llevarme a la cama. O que intente besarme para.
Pero por eso, no volveré a besarte.
B.
Para nadie en especial, la canción de aquellos besos, que no son nuestros, porque no hay un nosotros (ni contigo, ni con nadie).

No hay comentarios:
Publicar un comentario