
Ya en el taxi, me puse a pensar como me hubiera gustado que el sujeto con el que estaba saliendo entonces, estuviese conmigo en esa reunión, o en alguna otra, en la que no tuviera que volver a tomar un taxi sola, o estar sola mientras veía a mis amigas y amigos entrelazar sus manos como se entrelazan los algodones de azúcar (así de enredados y así de melosos).
El sujeto en cuestión nunca me recogería a ninguna hora de ningún lugar, iba contra su naturaleza y la naturaleza de nuestra "relación", pues nosotros sólo "salíamos". Y entonces me acordé del señor NN, un next que hace un año entró (y salió) a mi vida abruptamente. El señor NN, con quien salí un par de semanas, quien me bajaba una estrella si era necesario, quien sí me hubiera recogido de cualquier lugar del mundo a la hora que sea, en las condiciones que sea y me hubiera llevado a donde yo quisiera.
Desde el primer café que tomamos, él me empezó a ofrecer, de a pocos, y con las finas maneras de un amigo sprite, rescatarme de donde quisiera, llevarme a donde quisiera y quererme como yo quisiera. Y al menos las tres primeras cosas las hizo, con tanta devoción, que realmente me enternecí. Era una oferta tentadora, pero la rechacé sistematicamente durante unos tres o cuatro meses.
Hasta que (sí, siempre esa muletilla huachafa), me entró el bichito pendejo, coquetón o que se yo, y me pregunté que sería si empezaba a salir con ese amigo que se ponía por completo a mi disposición. ¿Cuál sería la diferencia? si era la persona con la que más me comunicaba y con la que más tiempo pasaba en esos últimos meses. Había una: tenía que besarlo.
Y ahí comprobé que hay cosas para las que una no sirve, que hay juegos que una no sabe jugar. Un día, mientras conversábamos -ya no me acuerdo de que- en su carro, no me aguanté y lo besé. Como diría Kevin Arnold "y entonces sucedió". Claro que sucedió: entonces me di cuenta porque no había cedido a tener algo con él los meses anteriores: porque no despertaba en mi lo básico para una relación: pasión.
Hay personas con las que no puedes sentirte cómoda besándolas. Bueno, no todos besamos igual, y no todos tenemos suerte en llevarnos bien - a la primera - con la persona con la que nos estamos besando. Yo creo que parte de la cuestión es que tan apasionado sea el beso, y que tanta pasión pones cuando lo haces. No digo que él no la pusiera, tal vez lo hacía a su manera. Seguí saliendo con él, pensando al principio que era cuestión de "acomodarse" para besarlo, pero a los pocos días me di cuenta que no, y que si no puedes sentirte cómoda besando con la persona con la que sales, pues no tiene sentido que salgas con ella.
Di por terminado el asunto, porque esos besos me demostraron algo también: él es de las personas que no le ponen mucha pasión a su vida, o a sus cosas. Cuando él me dijo que le gustaba como lo besaba, porque sentía que yo lo hacía con la misma pasión con la que llevaba el resto de mi vida, y yo no le pude decir lo mismo, confirmé que él y yo sentíamos las cosas de maneras distintas, veíamos la vida de ángulos opuestos (lamentablemente no complementarios) y si bien servía para una amistad, no para otro tipo de relación.
Y perdí un amigo (sprite), pues el señor NN ya no me habla. Se molestó porque intenté recuperar el buen recuerdo de una amistad y no quize salir con él en otro plan. Se molestó porque mientras él era para mi un amigo, yo era para él su amiga Sprite, y me lo dijo: "yo nunca te vi como una amiga, yo siempre quize otra cosa contigo, así que no quiero que me veas nunca sólo como tu amigo". Yo sólo recordé la propaganda cuando dice "tu amigo, siempre quiere contigo". Las webas.
Llegando a mi casa, mientras me metía a mi cama pensaba que en realidad la próxima vez llamaría a un taxi, y que en vista de mis últimas dos experiencias (el sujeto y el señor NN), estoy mejor sola que mal acompañada. El sujeto con el que salía me quizo sólo para tirar... y eso no es lo que yo necesito. Pero al señor NN, tampoco.
B.
Llevábamos algún tiempo de conocernos y esa vez nos citamos en un lugar público conocido y seguro para mi, no porque pudiera terminar comportándose como un delincuente sino porque en aquel entonces era mucho más tímida de lo que sea posible imaginar (aunque fingía lo mejor que podía y parece que lo hacía bien). Mi inseguridad me exigía intentar que el encuentro se diera en mi terreno, pero no sería en mi casa, así que fue muy cerca de ella.




