domingo, 7 de septiembre de 2008

Mejor sola, que mal acompañada



Regresaba de una reunión a casa, sola en el taxi. Sola llegué, sola estuve toda la reunión, y sola me fui. Cuando los chicos se ofrecieron a acompañarme a tomar un taxi, inventé tontamente la excusa que había llamado un taxi y que me esperaba abajo. Mentira, y de las más estúpidas, pues una vez en la calle a las 4 de la mañana, mi cuerpo no sólo temblaba de frío, sino de miedo.

Ya en el taxi, me puse a pensar como me hubiera gustado que el sujeto con el que estaba saliendo entonces, estuviese conmigo en esa reunión, o en alguna otra, en la que no tuviera que volver a tomar un taxi sola, o estar sola mientras veía a mis amigas y amigos entrelazar sus manos como se entrelazan los algodones de azúcar (así de enredados y así de melosos).

El sujeto en cuestión nunca me recogería a ninguna hora de ningún lugar, iba contra su naturaleza y la naturaleza de nuestra "relación", pues nosotros sólo "salíamos". Y entonces me acordé del señor NN, un next que hace un año entró (y salió) a mi vida abruptamente. El señor NN, con quien salí un par de semanas, quien me bajaba una estrella si era necesario, quien sí me hubiera recogido de cualquier lugar del mundo a la hora que sea, en las condiciones que sea y me hubiera llevado a donde yo quisiera.

Desde el primer café que tomamos, él me empezó a ofrecer, de a pocos, y con las finas maneras de un amigo sprite, rescatarme de donde quisiera, llevarme a donde quisiera y quererme como yo quisiera. Y al menos las tres primeras cosas las hizo, con tanta devoción, que realmente me enternecí. Era una oferta tentadora, pero la rechacé sistematicamente durante unos tres o cuatro meses.

Hasta que (sí, siempre esa muletilla huachafa), me entró el bichito pendejo, coquetón o que se yo, y me pregunté que sería si empezaba a salir con ese amigo que se ponía por completo a mi disposición. ¿Cuál sería la diferencia? si era la persona con la que más me comunicaba y con la que más tiempo pasaba en esos últimos meses. Había una: tenía que besarlo.

Y ahí comprobé que hay cosas para las que una no sirve, que hay juegos que una no sabe jugar. Un día, mientras conversábamos -ya no me acuerdo de que- en su carro, no me aguanté y lo besé. Como diría Kevin Arnold "y entonces sucedió". Claro que sucedió: entonces me di cuenta porque no había cedido a tener algo con él los meses anteriores: porque no despertaba en mi lo básico para una relación: pasión.

Hay personas con las que no puedes sentirte cómoda besándolas. Bueno, no todos besamos igual, y no todos tenemos suerte en llevarnos bien - a la primera - con la persona con la que nos estamos besando. Yo creo que parte de la cuestión es que tan apasionado sea el beso, y que tanta pasión pones cuando lo haces. No digo que él no la pusiera, tal vez lo hacía a su manera. Seguí saliendo con él, pensando al principio que era cuestión de "acomodarse" para besarlo, pero a los pocos días me di cuenta que no, y que si no puedes sentirte cómoda besando con la persona con la que sales, pues no tiene sentido que salgas con ella.

Di por terminado el asunto, porque esos besos me demostraron algo también: él es de las personas que no le ponen mucha pasión a su vida, o a sus cosas. Cuando él me dijo que le gustaba como lo besaba, porque sentía que yo lo hacía con la misma pasión con la que llevaba el resto de mi vida, y yo no le pude decir lo mismo, confirmé que él y yo sentíamos las cosas de maneras distintas, veíamos la vida de ángulos opuestos (lamentablemente no complementarios) y si bien servía para una amistad, no para otro tipo de relación.

Y perdí un amigo (sprite), pues el señor NN ya no me habla. Se molestó porque intenté recuperar el buen recuerdo de una amistad y no quize salir con él en otro plan. Se molestó porque mientras él era para mi un amigo, yo era para él su amiga Sprite, y me lo dijo: "yo nunca te vi como una amiga, yo siempre quize otra cosa contigo, así que no quiero que me veas nunca sólo como tu amigo". Yo sólo recordé la propaganda cuando dice "tu amigo, siempre quiere contigo". Las webas.

Llegando a mi casa, mientras me metía a mi cama pensaba que en realidad la próxima vez llamaría a un taxi, y que en vista de mis últimas dos experiencias (el sujeto y el señor NN), estoy mejor sola que mal acompañada. El sujeto con el que salía me quizo sólo para tirar... y eso no es lo que yo necesito. Pero al señor NN, tampoco.


B.

sábado, 23 de agosto de 2008

Me miraste y caí

Llevábamos algún tiempo de conocernos y esa vez nos citamos en un lugar público conocido y seguro para mi, no porque pudiera terminar comportándose como un delincuente sino porque en aquel entonces era mucho más tímida de lo que sea posible imaginar (aunque fingía lo mejor que podía y parece que lo hacía bien). Mi inseguridad me exigía intentar que el encuentro se diera en mi terreno, pero no sería en mi casa, así que fue muy cerca de ella.

Llegué unos minutos tarde, para evitar llegar primero y parecer ansiosa (los que esperan son ellos, nosotras no -pensé). Por teléfono me preguntó ¿dónde estás? y salí volando de mi casa, llegué y lo vi a través del vidrio, se había sentado en una mesa pequeña, para 2 personas. No me vio hasta que atravesé la puerta.


La cartera celeste que llevaba acentuaba mi cintura, era verano, vestía un polo fresco y un pantaloncito muy liviano y a la cadera. "Estás más flaca", me dijo. Los hombres deben grabarse esa frase en la cabeza y decirla siempre que quieran hacernos sentir bien, sobre todo si no somos precisamente un fideo. Aunque él nunca se haya enterado y lo haya dicho casi sin pensar (es que era verdad que estaba más flaca), había abierto el diálogo con una frase genial y acertada.


Me senté y él ya estaba bebiendo una limonada, luego yo pedí una también y conversamos mucho, como una hora o un poco más sobre muchas, muchas cosas, pero especialmente sobre nuestra profesión y nuestras vidas, más la suya que la mía porque yo hacía muchas preguntas.


Estaba algo nerviosa. Aunque no era precisamente una "cita", era un hombre interesante y yo andaba sola... aunque él sí tenía novia. Me divertí y él se entretuvo bastante, al parecer. Como mi casa estaba cerca, le pedí que me acompañe, no quería que se vaya y seguí haciéndole más preguntas, él respondía con gusto. Una vez que estuvimos en mi casa (la casa de mis padres en realidad), él dijo que tenía que irse así que lo acompañé a tomar su taxi...


Mientras esperábamos en la acera él se puso sus gafas de sol y me echó una mirada de galán acompañada de una sonrisita pícara y se quedó viéndome en silencio hasta que no resistí más el silencio y como reprochándole por el coqueteo le pregunté ¿y tu novia? Automáticamente giró la cabeza y ya ni recuerdo qué me contestó mientras yo respiraba aliviada aunque triste, porque me hubiera gustado que sucediera algo en ese momento, pero no debía...


Yo sé que el "click" fue en ese instante. Ya me parecía interesante y hasta divertido, pero para mi era un coqueto más sobre la faz de la tierra, hasta ese momento. Mi nerviosismo no era producto de su presencia sino de mi propia inseguridad. Pero allí parados, luego de que me mirara a través de sus lentes oscuros con la incomodidad de no ver con claridad qué parte de mi cuerpo exactamente era la que él veía, fue el inicio de mi obsesión por él.

A.

viernes, 22 de agosto de 2008

No más besos de aquellos besos



"Es que ya no siento lo mismo por ti". ¿Cómo tienes valor para decirle eso al pata que ha compartido contigo más de un año, la mejor relación de tu vida? Pues se lo dices y punto. Se lo dije, y punto.

Me costó sangre, sudor y lágrimas terminar contigo. Semanas (meses?) de darle vueltas al asunto. Y ya no era, pues. Igual, lloré como Magdalena al dejarte y correr a tomar mi taxi en plena avenida Javier Prado. "Tengo que ir a trabajar", y me fui, sin dejar de sentir mi paladar amargo y salado a la vez, después de abrazarte. Querías besarme, pero yo ya no podía. Como tampoco podía evitar ponerme triste. Sabía que me iba a ser muy dificil encontrar a alguien que me tratase como tú. Con la delicadeza de quien descubre un tesoro cada vez que me acariciabas el rostro, que jugabas con mi cabello, que me abrazabas explorando mi cuerpo, y sobre todo con la desesperación con la que me besabas cuando me decías "no quiero perderte". Si pues, todas las terminadas tienen indefectiblemente un tufo espantoso a novela mexicana.

De lejos eres el mejor chico con el que he estado. ¿Cómo puedes dejar a una persona tan buena? Cuando juntos no avanzan para ninguna parte, no hay vuelta que darle. Pero aun te quiero, y mucho. Claro, el cariño no es el mismo, ahora eres mi amigo, uno de los mejores. O eras.

Te di un espacio y un tiempo, tú me volviste a buscar meses después. "Amigos". Sinceramente, no te creía que sólo éramos amigos. Me seguías mirando con ojos de carnerito degollado, y me seguías abrazando como si fuera la última vez que lo hicieras en tu vida. Por eso, no me sorprendió que hace poco me digas que querías alejarte, que querías olvidarme, que te estaba haciendo daño.

Y lo entendí, y una vez más, te dejé ir mientras se me corría el rimel que nunca me pongo. Mientras me abrazaste por última vez e hiciste una escenita digna de novela mexicana en medio de la calle, mientras me cagaba de frío parada en la esquina, mientras me decías que extrañabas besarme como antes. Quien sabe que yo también extrañe esos besos. Pero no porque sean nuestros besos, sino que extraño la sensación de poder besar a alguien que no sólo se apasione con ellos para (pretender) llevarme a la cama. O que intente besarme para.

Pero por eso, no volveré a besarte.

B.

Para nadie en especial, la canción de aquellos besos, que no son nuestros, porque no hay un nosotros (ni contigo, ni con nadie).

miércoles, 20 de agosto de 2008

Tus fotografías del fondo del cajón

Cuando hallé la fuerza suficiente, reuní tus fotografías, las nuestras (no eran tantas) y las metí en un sobre. Estaba enojada y triste pero no podía botarlas ni romperlas o quemarlas, no quería eliminarlas de mi vida por completo, tampoco quería olvidarte. Así como las fotos eran guardadas en el fondo del cajón, guardaba yo una débil esperanza por que lo nuestro pudiera ser algún día.



Pensé que ese algún día había llegado, cuando había perdido toda esperanza e inclusive pensaba haberte superado por completo. Un año después "nosotros" se convirtió en una posibilidad otra vez y empezamos a salir nuevamente, la atracción fue inevitable, pero una vez más fracasamos. Luego de esto, tus fotografías seguían guardadas en el mismo sobre, en el mismo rincón del cajón.

Más tiempo ha pasado, nuevas pasiones, ambos hemos amado a otras personas y nuestras vidas son las mismas y a la vez son otras distintas a las que vivimos aquel tiempo. Hoy rescaté nuestras fotografías del fondo del cajón y te encontré otra vez, a ti y tus cachetes unidos por tu sonrisa tierna y esa mirada dulce que disfrutaba cuando estábamos bien.

Nos vemos chiquillos en esas fotos. Mi mirada también se veía dulce. Ambos cachetones pero tiernos. Entonces extrañé sentirme como en aquel entonces, extrañé querer a alguien, estar abrazadita, andar bajo la lluvia de agosto juntos, compartir las golosinas, cerrarle los botones del saco.

He vuelto a guardar tus fotos en el cajón. Prefiero evitar las nostalgias ahora y disfrutar de los next. Ellos también tienen su parte divertida, aunque no terminen de encajar en mis planes, ni en lo que siempre he deseado, pues de la mayoría de ellos no vale la pena guardar una fotografía.

A.

¿Sacarse o no sacarse el clavo?


Teníamos 18 años y fuimos lo suficientemente cojudos para no llegar a acortar nunca los dos centímetros de distancia que marcamos tácitamente entre tu boca y la mía. Me abrazabas, me cargabas, y yo inocentemente acercaba mi cabeza a tu hombro contándote estupideces, para que voltearas hacia mi... y quedaramos siempre mirándonos a cinco, cuatro, tres, dos... centímetros. Entonces me bajabas, me abrazabas y yo me recostaba en tus piernas a contarte las historias que mi cabeza producía con la velocidad y la delicadeza con la que Rambo disparaba su metralleta.

Nunca nadie ha vuelto a tener tantos detalles conmigo. Aun guardo la primera de las muchas cajetillas de Montana que me diste. Es lo único que guardo, porque todos los demás detalles que tuviste conmigo, todos con el souvenir correspondiente, y todos como para mostrárselos a mis amigas y restregárselo en la cara a cualquier "nexts", todos, TODOS, se fueron perdiendo en el tiempo, con cosas que no valían la pena. Así somos las mujeres: cachibacheras, y a veces reemplazamos un cachibache con otro sin sentido.

¿Por qué te desapareciste? Supongo que fueron las vacaciones de la universidad. Aguanta, pero si tú y yo no estudiábamos en la misma universidad. Ya se, fue que te largaste de viaje por Europalandia y yo me quedé sola y aburrida. Sin llamadas, ni correos, sin nada. Lamento que la primera noticia que te llegara al regresar fuera que yo ya estaba con alguien. Lo siento querido, no tenía y no tengo vocación de Penélope. Claro, estar con el infeliz con el que estuve no fue una buena decisión, pero no es tu culpa. Ni la mía.

A veces llamabas a mi casa, pero... sorry darling, en el último lugar que me encontrabas es en casa. Pero, mira como son las cosas, después de tantos años me encontraste. Dos horas y medio en el teléfono. ¿Estás sola? Si, ¿y tú? también. Y nos vimos. Y nos encontramos, y no habíamos cambiado tanto. "Estás más guapa". Me daban ganas de decirte "estás guapísimo", pero me agarré a tu casaca (rayos, sigues usando el mismo condenado y riquísimo perfume) y volviendo yo a mis 18 años (y tú a los tuyos), me aventé a tus brazos. Nos abrazamos, me cargaste, jugaste con mi cabello... y me dijiste que me habías extrañado. Sonreímos, tomamos un taxi, luego un café, luego unos tragos, luego de la mano; y hablamos todo lo que no habíamos hablado nunca. Y me embarcaste en un taxi y... quedamos en que nos volveríamos a ver.

No pasó nada esa noche. Aunque esos ojitos negros sí que me seguían mirando como antes, había algo que era diferente. ¿Será que preferimos dejar el recuerdo cojudamente intacto? No lo sé, pues francamente, después de lo que no pasó contigo a los 18, muy pocas veces me he quedado con las ganas de darle un beso a alguien que me provoque un terremoto psicológico/mental/sentimental/hormonal (en todas las anteriores! Sí, soy muy exigente), y hasta ahora nunca me he arrepentido. Mi querido Andrés, creo que puedo decir que el único clavo que no me he podido sacar en la vida, eres tú. Hasta ahora.
B

lunes, 18 de agosto de 2008

Ya no regreso contigo

No volver con él. Eso decidí, por todos los malos ratos, por lo mal que funcionábamos como pareja, por todo el estrés y el malestar que me ocasionaba. Él tampoco quería seguir conmigo, no era la persona que buscaba. Pero nos atraíamos e intentábamos en vano terminar, ser razonables y decir hasta aquí, no nos hagamos más daño, sigamos como amigos.

Era tan fácil todo cuando lo pensaba a solas, cuando tomaba la decisión. Era lo mejor y así sería. Pero una vez frente a él, me olvidaba de mis resoluciones. De solo verlo caminar en dirección hacia mi, esbozar una sonrisa, pestañear y mirarme a los ojos diciendo sereno "hola", solo con eso me desarmaba la estrategia que había preparado para vengarme y terminarlo, reprochándole cuánto me había hecho sufrir y haciendo hincapié en lo positivo que resultaría separarnos.

Seguramente le pasaba igual que a mi. Esa vez recuerdo que nos propusimos encontrarnos junto al kiosko del parque que está por su casa y hablar. Yo comía unas mentitas, él llegó. Pensé que intentaría terminarme. Yo ya no tenía voluntad para hacerlo. Una vez en su casa, sentados en su cama conversamos y me dijo lo que pensaba sobre cómo era cada uno y su opinión sobre la relación que llevábamos. Yo también dije lo que pensaba...
Pero debíamos llegar a una determinación juntos y yo no quería terminar, ya no. Ambos estábamos algo serios, yo enojada. Pero de pronto apareció su perrita, yo la adoraba. Vino como siempre a que le hiciéramos cariños y me sacó una sonrisa. Se me fue el enojo y al poco tiempo nos miramos... y él me estaba haciendo cariños otra vez.

Sentía miedo, en ese momento no quería alejarme de él. Y nos abrazamos, nos besamos mucho y todo lo demás. Probablemente él estaba tan o más inseguro que yo, no sabría qué hacer. Así que ese día no terminamos.

Cuando por fin decidimos separarnos fue muy complicado. Recuerdo que dijo sentirse débil. Yo también me sentía así. Muy vulnerable. Me dejó en mi casa, como siempre y le pedí que no me acompañara a la puerta (como hacía usualmente), rechazando su ofrecimiento. Sabía que una despedida en la entrada de mi casa hubiera sido aún más dramática, ya me costaba contener las lágrimas. Estaba triste y frustrada. Sabía que era lo mejor, aunque se experimentara muy doloroso en ese momento.

El tiempo pasó, ambos hemos vivido nuevas historias y hemos pretendido dejar lo nuestro en el pasado, pero a veces aún siento esa atracción de antes. Esas ganas de abrazarlo, de recostarme en su hombro, de jugar con su cabello, de poner mi mano sobre su pierna, de besar sorpresivamente su mejilla, de darle un beso largo en los labios. Aún lo quiero, aunque recordar lo mal que nos iba me espanta casi lo suficiente como para enojarme.

Pero no ha perdido todas esas buenas cosas que me hicieron quererle mucho y sentirme atraída. Presiento que él también se pone algo nervioso conmigo. Ojalá no sea mi imaginación, pues a veces me provoca un remember. Ojalá no pase, aunque en este instante desee que sí.
A

domingo, 17 de agosto de 2008

Un next de los buenos

Este next solo ha sido bueno conmigo. A leguas se nota que me quiere con papas fritas, sin embargo siempre ha sido correcto y caballero, él mantiene su lugar. En realidad porque es tímido. Es el típico buena gente que cabe en el rango de "normal" en lo que a apariencia física respecta, pero es algo desprolijo e incluso a veces se viste un toque pirañoso. Fuera de eso es un chico muy lindo, buen amigo, posible tire.

No puedo negar que en ocasiones lo he usado. Cuando he estado realmente depre y necesitaba un rescate, él siempre estuvo dispuesto. "Sabes que soy un chico fácil", suele decir. Una hamburguesa, un gran almuerzo, un helado, un ceviche, un café, una o varias salidas al cine y caminatas.

Pero nunca me provocó ir mucho más allá de un beso. Nunca lo he besado tampoco, por miedo. Sé que él me va a pedir o al menos va a desear algo más que tires o amistad si dejo que más cosas pasen entre nosotros. Solo una vez tuve verdaderos deseos de abrazarlo y besarlo, habíamos pasado una tarde divertida, me había sacado de mi depresión por un rato. Pero dudo que vuelva a sentir esas ganas.

Él es un next bueno. Nunca me hizo daño y probablemente nunca lo haga. Tal vez porque no le he dado oportunidad. Lo quiero y tampoco quiero hacerle daño yo. Prefiero conservar su amistad. Aunque a veces pienso que debe ser más lanza, que debe insinuarse más, coquetearme, incitarme. Creo que si fuera un poquito más pendejo sería más atractivo. Lamentablemente, cuando aprenden a gilear de verdad, empieza a irles mejor con las mujeres... y se vuelven putos. Se vuelven next de los malos.
A